Recordarlo ahora…

Corría marzo del año 2006 cuando se iniciaba el segundo ciclo de Oscar Tabárez en la Selección uruguaya de fútbol; en este nuevo ciclo el entrenador volvía a su antiguo puesto, con un bagaje de experiencia superior a su primera etapa.

Era un momento bastante complicado, la Selección había quedado eliminada de la Copa Mundial 2006, el desorden general imperaba en nuestro fútbol y los seleccionados juveniles no lograban alcanzar buenas actuaciones.

En este contexto el Maestro Tabárez, hizo algo inusual en el rubro fútbol, presento un proyecto de trabajo con conceptos precisos y tangibles. Si bien estamos en el transcurrir de la actual edición de la Copa América 2019, sería bueno repasar cuales fueron aquellos conceptos, para tenerlos presentes, ya sea en el éxito o en la derrota deportiva.

La base fundamental es el proyecto de selecciones nacionales, donde se estableció un perfil de futbolista con «nivel selección», es decir, profesionales, con la seriedad y el compromiso para poder adaptarse al nuevo entorno.

Ese mismo perfil se aplica en las categorías formativas, de la sub 15 en adelante; se busca que la selección mayor sea el espejo de los futbolistas en formación, que se comparta el sentido de “pertenecer” a un todo.

Hay tres conceptos que no son negociables y se le pide a todos los elegidos: adhesión, compromiso y comportamiento. Oscar Tabárez pidió a sus seleccionados, desde el primer partido del ciclo, en el 2006 frente a Irlanda en Estados Unidos: “Lo único que les vamos a pedir es compromiso y adhesión a la causa. Jugar bien o mal un partido o un torneo está dentro de las posibilidades pero sin adhesión es imposible hacer nada. Eso es lo único que no vamos a aceptar que falte”, Sentenció.

Por supuesto que todo proceso o proyecto se debe medir, sucede en todos los ámbitos. El proceso Tabárez es medible en sus logros deportivos, Uruguay ha dicho presente en los últimos tres Mundiales, se posiciono como animador en los certámenes juveniles y gano la Copa América 2011; pero también se puede medir en la formación integral de futbolistas que son producto genuino del proceso, un ejemplo es Federico Valverde, quien con 13 años comenzó su periplo como seleccionado.

Hoy aquel proyecto presentado en el año 2006, se mantiene y evoluciona, ha superado tormentas políticas y hasta algún mal resultado deportivo; nuestros futbolistas seleccionados, son ídolos de las nuevas generaciones y son admirados por el resto del continente.

Por todo lo anterior, es necesario recordar cómo se llegó a nuestra realidad actual, antes que la suerte de Uruguay en esta Copa América se defina, sin exitismos desbordantes ni frustraciones exageradas… hay que recordarlo ahora