«Lele» Cabrera se ganó un puesto en el Zaragoza

Foto: Vavel

El diario Marca sacó un artículo este miércoles destacando la muy buena actuación del lateral uruguayo el pasado sábado ante el Alavés y recuerda a su abuelo, el gran «Pepe» Sasía

Te compartimos la nota completa de nuestros colegas españoles sobre Leandro Cabrera y el recuerdo al «Pepe» Sasía.

Si hay un jugador en el Real Zaragoza que respira fútbol por los cuatro costados ese es Leandro Cabrera, quien el sábado se ganó el lateral izquierdo con una notable actuación frente al Alavés. Y no solo por crecer en uno de los países en el que los niños nacen con una pelota bajo el brazo, sino también por herencia genética. Su abuelo, el famoso Pepe Sasía, su padre Sergio y sus hermanos Adrián y Rodrigo también se dejaron seducir por el balón. “Desde los cuatro años escucho hablar de fútbol en mi casa. Está en nuestro ADN, así que había que intentarlo por lo menos”, cuenta Leandro.

El Pepe Sasía fue un futbolista emblemático en Uruguay y un ídolo para mucha gente que todavía le recuerda. Fue campeón de la Libertadores e Intercontinental con Peñarol en 1961 y conquistó una Copa América en 1959 con la selección, que defendió en 42 oportunidades.

Falleció cuando Leandro tenía cinco años pero su admiración es eterna. “Fue un jugador muy importante y un ídolo por lo que me cuentan. Cuando la gente sabe que soy su nieto me dicen cosas que para mí es un orgullo. Era un personaje futbolístico y social. Fue un referente en varios ámbitos”, señala Leandro.

Cientos de historias son las que se recuerdan de su abuelo que reflejan bien su personalidad. Leandro sonríe antes de contar alguna: “Creo que en un partido iba a tirar un penalti y le empezaron a tirar de todo. Una naranja le fue al pie y él la agarró, la peló, la comió e hizo el gol. Parecía un hombre muy tranquilo pero también era muy bravo. Me hubiera encantado conocerlo más”.
El Pepe Sasía dejó su fútbol como herencia a los suyos pero los Cabrera la adquirieron a su manera. Y es que ninguno salió delantero y se hicieron fuertes en la defensa: “Nosotros salimos con el gen futbolístico de mi padre, de defensa”, indica el ‘Lele’.

Si hay un jugador en el Real Zaragoza que respira fútbol por los cuatro costados ese es Leandro Cabrera, quien el sábado se ganó el lateral izquierdo con una notable actuación frente al Alavés. Y no solo por crecer en uno de los países en el que los niños nacen con una pelota bajo el brazo, sino también por herencia genética. Su abuelo, el famoso Pepe Sasía, su padre Sergio y sus hermanos Adrián y Rodrigo también se dejaron seducir por el balón. “Desde los cuatro años escucho hablar de fútbol en mi casa. Está en nuestro ADN, así que había que intentarlo por lo menos”, cuenta Leandro.

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El Pepe Sasía fue un futbolista emblemático en Uruguay y un ídolo para mucha gente que todavía le recuerda. Fue campeón de la Libertadores e Intercontinental con Peñarol en 1961 y conquistó una Copa América en 1959 con la selección, que defendió en 42 oportunidades.

Falleció cuando Leandro tenía cinco años pero su admiración es eterna. “Fue un jugador muy importante y un ídolo por lo que me cuentan. Cuando la gente sabe que soy su nieto me dicen cosas que para mí es un orgullo. Era un personaje futbolístico y social. Fue un referente en varios ámbitos”, señala Leandro.

Cientos de historias son las que se recuerdan de su abuelo que reflejan bien su personalidad. Leandro sonríe antes de contar alguna: “Creo que en un partido iba a tirar un penalti y le empezaron a tirar de todo. Una naranja le fue al pie y él la agarró, la peló, la comió e hizo el gol. Parecía un hombre muy tranquilo pero también era muy bravo. Me hubiera encantado conocerlo más”.
El Pepe Sasía dejó su fútbol como herencia a los suyos pero los Cabrera la adquirieron a su manera. Y es que ninguno salió delantero y se hicieron fuertes en la defensa: “Nosotros salimos con el gen futbolístico de mi padre, de defensa”, indica el ‘Lele’.

Sergio, su padre, jugó en Uruguay y llegó a Primera. Ahora es entrenador y dirige al Boston River, de la Segunda uruguaya. De niños, Leandro y Rodrigo acudían a sus entrenamientos que no hicieron más que avivar su deseo de ser futbolistas. “Siempre que podíamos íbamos con él. Una vez, dirigiendo al Juventud de las Piedras, en Tercera, jugaban la final contra Danubio. Y durante 10 minutos dio una charla en la que acabamos todos llorando; los jugadores, los dirigentes y nosotros también. Perdieron porque les echaron a cuatro jugadores pero aquella charla fue inolvidable”.

Con 18 años se fue al Atlético
Leandro cruzó el charco muy joven. En apenas un año su vida cambió y se fue al Atlético de Madrid. “Fue todo muy rápido. Con 17 me subieron al primer equipo de Defensor Sporting y al poco debuté. Jugué varios partidos, también en Libertadores, y lo hice de lateral. Cuando acabó la temporada, me dijeron que había fichado por el Atlético. Antes hubo opciones de ir al Villarreal pero no se dio. Fue todo en menos de un año. En octubre estaba debutando en Primera y en julio ya me había ido”, recuerda.

Sin embargo, en el club rojiblanco solo jugó cuatro partidos y después fue de cesión en cesión. “Cuando sucedió todo quizás yo no estaba preparado, tenía 18 años. Sabía que no lo tenía que dejar pasar, pero mentalmente no estaba listo para eso. Ahora con todo lo que he vivido, me hubiera agarrado en aquel momento ahí con uñas y dientes. Pero no salió y estoy tranquilo. Los equipos en los que después jugué acabaron contentos. Es una etapa cerrada y una experiencia más”, señala.

Centrado en el Real Zaragoza
Ahora, su cabeza está solo en el Real Zaragoza, con el que firmó por tres temporadas y espera cumplir su contrato. “Una de las razones por las que elegí este club fue por el tiempo, quiero estabilidad. Tenía ganas de asentarme en algún lugar y, sobre todo, de seguir en España. Tengo una deuda conmigo mismo de que quiero demostrar acá lo que puedo dar. Hasta que no lo haga, no me voy. Ojalá que sea en este equipo. El año pasado pude venir pero eran condiciones diferentes tanto para el club como para mí. Por eso no se hizo. Ahora mi objetivo es jugar en el Real Zaragoza en Primera división. Eso sí, con cabeza, sabiendo que va a ser un año complicado, pero en algún momento se va a dar”.

Si hay un jugador en el Real Zaragoza que respira fútbol por los cuatro costados ese es Leandro Cabrera, quien el sábado se ganó el lateral izquierdo con una notable actuación frente al Alavés. Y no solo por crecer en uno de los países en el que los niños nacen con una pelota bajo el brazo, sino también por herencia genética. Su abuelo, el famoso Pepe Sasía, su padre Sergio y sus hermanos Adrián y Rodrigo también se dejaron seducir por el balón. “Desde los cuatro años escucho hablar de fútbol en mi casa. Está en nuestro ADN, así que había que intentarlo por lo menos”, cuenta Leandro.

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El Pepe Sasía fue un futbolista emblemático en Uruguay y un ídolo para mucha gente que todavía le recuerda. Fue campeón de la Libertadores e Intercontinental con Peñarol en 1961 y conquistó una Copa América en 1959 con la selección, que defendió en 42 oportunidades.

Falleció cuando Leandro tenía cinco años pero su admiración es eterna. “Fue un jugador muy importante y un ídolo por lo que me cuentan. Cuando la gente sabe que soy su nieto me dicen cosas que para mí es un orgullo. Era un personaje futbolístico y social. Fue un referente en varios ámbitos”, señala Leandro.

Cientos de historias son las que se recuerdan de su abuelo que reflejan bien su personalidad. Leandro sonríe antes de contar alguna: “Creo que en un partido iba a tirar un penalti y le empezaron a tirar de todo. Una naranja le fue al pie y él la agarró, la peló, la comió e hizo el gol. Parecía un hombre muy tranquilo pero también era muy bravo. Me hubiera encantado conocerlo más”.
El Pepe Sasía dejó su fútbol como herencia a los suyos pero los Cabrera la adquirieron a su manera. Y es que ninguno salió delantero y se hicieron fuertes en la defensa: “Nosotros salimos con el gen futbolístico de mi padre, de defensa”, indica el ‘Lele’.

Sergio, su padre, jugó en Uruguay y llegó a Primera. Ahora es entrenador y dirige al Boston River, de la Segunda uruguaya. De niños, Leandro y Rodrigo acudían a sus entrenamientos que no hicieron más que avivar su deseo de ser futbolistas. “Siempre que podíamos íbamos con él. Una vez, dirigiendo al Juventud de las Piedras, en Tercera, jugaban la final contra Danubio. Y durante 10 minutos dio una charla en la que acabamos todos llorando; los jugadores, los dirigentes y nosotros también. Perdieron porque les echaron a cuatro jugadores pero aquella charla fue inolvidable”.

Con 18 años se fue al Atlético
Leandro cruzó el charco muy joven. En apenas un año su vida cambió y se fue al Atlético de Madrid. “Fue todo muy rápido. Con 17 me subieron al primer equipo de Defensor Sporting y al poco debuté. Jugué varios partidos, también en Libertadores, y lo hice de lateral. Cuando acabó la temporada, me dijeron que había fichado por el Atlético. Antes hubo opciones de ir al Villarreal pero no se dio. Fue todo en menos de un año. En octubre estaba debutando en Primera y en julio ya me había ido”, recuerda.

Sin embargo, en el club rojiblanco solo jugó cuatro partidos y después fue de cesión en cesión. “Cuando sucedió todo quizás yo no estaba preparado, tenía 18 años. Sabía que no lo tenía que dejar pasar, pero mentalmente no estaba listo para eso. Ahora con todo lo que he vivido, me hubiera agarrado en aquel momento ahí con uñas y dientes. Pero no salió y estoy tranquilo. Los equipos en los que después jugué acabaron contentos. Es una etapa cerrada y una experiencia más”, señala.

Centrado en el Real Zaragoza
Ahora, su cabeza está solo en el Real Zaragoza, con el que firmó por tres temporadas y espera cumplir su contrato. “Una de las razones por las que elegí este club fue por el tiempo, quiero estabilidad. Tenía ganas de asentarme en algún lugar y, sobre todo, de seguir en España. Tengo una deuda conmigo mismo de que quiero demostrar acá lo que puedo dar. Hasta que no lo haga, no me voy. Ojalá que sea en este equipo. El año pasado pude venir pero eran condiciones diferentes tanto para el club como para mí. Por eso no se hizo. Ahora mi objetivo es jugar en el Real Zaragoza en Primera división. Eso sí, con cabeza, sabiendo que va a ser un año complicado, pero en algún momento se va a dar”.

Si hay un jugador en el Real Zaragoza que respira fútbol por los cuatro costados ese es Leandro Cabrera, quien el sábado se ganó el lateral izquierdo con una notable actuación frente al Alavés. Y no solo por crecer en uno de los países en el que los niños nacen con una pelota bajo el brazo, sino también por herencia genética. Su abuelo, el famoso Pepe Sasía, su padre Sergio y sus hermanos Adrián y Rodrigo también se dejaron seducir por el balón. “Desde los cuatro años escucho hablar de fútbol en mi casa. Está en nuestro ADN, así que había que intentarlo por lo menos”, cuenta Leandro.

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El Pepe Sasía fue un futbolista emblemático en Uruguay y un ídolo para mucha gente que todavía le recuerda. Fue campeón de la Libertadores e Intercontinental con Peñarol en 1961 y conquistó una Copa América en 1959 con la selección, que defendió en 42 oportunidades.

Falleció cuando Leandro tenía cinco años pero su admiración es eterna. “Fue un jugador muy importante y un ídolo por lo que me cuentan. Cuando la gente sabe que soy su nieto me dicen cosas que para mí es un orgullo. Era un personaje futbolístico y social. Fue un referente en varios ámbitos”, señala Leandro.

Cientos de historias son las que se recuerdan de su abuelo que reflejan bien su personalidad. Leandro sonríe antes de contar alguna: “Creo que en un partido iba a tirar un penalti y le empezaron a tirar de todo. Una naranja le fue al pie y él la agarró, la peló, la comió e hizo el gol. Parecía un hombre muy tranquilo pero también era muy bravo. Me hubiera encantado conocerlo más”.
El Pepe Sasía dejó su fútbol como herencia a los suyos pero los Cabrera la adquirieron a su manera. Y es que ninguno salió delantero y se hicieron fuertes en la defensa: “Nosotros salimos con el gen futbolístico de mi padre, de defensa”, indica el ‘Lele’.

Sergio, su padre, jugó en Uruguay y llegó a Primera. Ahora es entrenador y dirige al Boston River, de la Segunda uruguaya. De niños, Leandro y Rodrigo acudían a sus entrenamientos que no hicieron más que avivar su deseo de ser futbolistas. “Siempre que podíamos íbamos con él. Una vez, dirigiendo al Juventud de las Piedras, en Tercera, jugaban la final contra Danubio. Y durante 10 minutos dio una charla en la que acabamos todos llorando; los jugadores, los dirigentes y nosotros también. Perdieron porque les echaron a cuatro jugadores pero aquella charla fue inolvidable”.

Con 18 años se fue al Atlético
Leandro cruzó el charco muy joven. En apenas un año su vida cambió y se fue al Atlético de Madrid. “Fue todo muy rápido. Con 17 me subieron al primer equipo de Defensor Sporting y al poco debuté. Jugué varios partidos, también en Libertadores, y lo hice de lateral. Cuando acabó la temporada, me dijeron que había fichado por el Atlético. Antes hubo opciones de ir al Villarreal pero no se dio. Fue todo en menos de un año. En octubre estaba debutando en Primera y en julio ya me había ido”, recuerda.

Sin embargo, en el club rojiblanco solo jugó cuatro partidos y después fue de cesión en cesión. “Cuando sucedió todo quizás yo no estaba preparado, tenía 18 años. Sabía que no lo tenía que dejar pasar, pero mentalmente no estaba listo para eso. Ahora con todo lo que he vivido, me hubiera agarrado en aquel momento ahí con uñas y dientes. Pero no salió y estoy tranquilo. Los equipos en los que después jugué acabaron contentos. Es una etapa cerrada y una experiencia más”, señala.

Centrado en el Real Zaragoza
Ahora, su cabeza está solo en el Real Zaragoza, con el que firmó por tres temporadas y espera cumplir su contrato. “Una de las razones por las que elegí este club fue por el tiempo, quiero estabilidad. Tenía ganas de asentarme en algún lugar y, sobre todo, de seguir en España. Tengo una deuda conmigo mismo de que quiero demostrar acá lo que puedo dar. Hasta que no lo haga, no me voy. Ojalá que sea en este equipo. El año pasado pude venir pero eran condiciones diferentes tanto para el club como para mí. Por eso no se hizo. Ahora mi objetivo es jugar en el Real Zaragoza en Primera división. Eso sí, con cabeza, sabiendo que va a ser un año complicado, pero en algún momento se va a dar”.